INFORME ESPECIAL | Balance de logros y deudas en el crecimiento industrial

INFORME ESPECIAL | Balance de logros y deudas en el crecimiento industrial

Cuando restan poco más de cinco meses para que el ciclo desarrollado bajo las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner llegue a su fin, parece resultar patente que el fuerte crecimiento industrial dejará un legado político mucho más robusto que económico. Y que, de hecho, el desafío de una fuerza con una política económica afín a la desarrollada durante los últimos doce años –es decir de protección del empleo y los ingresos–, será dar un salto cualitativo que permita consolidar al sector industrial.

Sucede que son pocas las dudas que se plantean sobre el contundente crecimiento industrial de la última década. De acuerdo al Centro de Estudios para la Producción (CEP) del Ministerio de Industria de la Nación, se registró entre 2003 y 2014 un crecimiento en este sector del 92%, lapso en el que la industria pasó de fabricar manufacturas por un valor de 36.308 millones de dólares a producir por 66.075 millones. Fue la razón, esgrime este último centro, por lo que el empleo industrial creció de 911.006 empleados en el año de asunción del gobierno kirchnerista a 1.266.295 en el 2013, aunque según la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, este crecimiento fue de 261.151 empleos, más allá de que esta encuesta solo abarca los centros urbanos de más de 100.000 habitantes.

Como sea, tanto el Indec como el Ministerio de Industria coinciden en señalar que la participación de la industria en el PBI se mantuvo en una cifra que osciló entre el 19,5 y el 21,8% entre los diferentes años comprendidos en el período kirchnerista, guarismo que, de acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de la ONU, es el más alto de todos los países de la región. Esto da cuenta del acompañamiento de la industria al crecimiento general de la economía, pues si bien esta proporción no es sensiblemente diferente a la de la década del noventa, tal como lo manifestó el economista de la Universidad de Quilmes Fernando Porta al sitio Chequeado.com,  “se revirtió desde 2003 en adelante un proceso de destrucción que venía desde los años ’70. No es que se mantuvo estable”.

Captura de pantalla 2015-06-14 a la(s) 00.49.47De hecho, según afirma el economista José Ramón Eyras en su estudio “Crecimiento de la Industria en el nuevo modelo económico: hechos y posibilidades”, presentado en el Centro de Estudios para la situación y perspectivas de Argentina de la UBA en junio del año pasado, “puede afirmarse que, gracias a las políticas activas impulsadas desde 2003 hasta hoy, y en marcado contraste con otros países de América latina (notablemente Brasil), la industria argentina superó significativamente sus niveles productivos de fines de los ’90, y se afianzó como un sector clave para un proceso de crecimiento sostenido con inclusión social”. Pero además, este investigador señala que “a diferencia de otros países de la región, la Argentina resistió la tendencia a la reprimarización observada en casi todos los países de América del Sur, derivada del fuerte aumento del precio de las materias primas”.

Este hecho se reflejó también en las exportaciones. De acuerdo al análisis del Proyecto Económico (2003-2011) realizado por el Grupo de Estudios Económicos Nacionales y Populares (Geenap), basado en datos relevados por el Indec, el sector exportador que más creció en ese lapso en nuestro país fue el de las Manufacturas de Origen Industrial (MOI), las cuales se expandieron en un 263%, seguidas por los Productos Primarios, que aumentaron un 214%, y en tercer lugar por las Manufacturas de Origen Agropecuario (como los aceites), que subieron un 214,4%. Asimismo, un informe publicado por la Asociación de Importadores y Exportadores de la República Argentina (Aiera), señalaba que para 2013 tanto las MOI como las MOA representaban el 34% de las exportaciones, mientras que los productos primarios constituían el 24% de la canasta.
Política sobre economía.

Política sobre economía. Posiblemente, el mayor dato que exhibe este crecimiento industrial es la creación de entre 260.000 y 350.000 empleos registrados industriales, lo que se tradujo en una mayor fuerza gremial. Por caso, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) pasó de tener 50 mil afiliados en 2003 a 250 mil en 2013, es decir un incremento del 400% en sus bases. Esto implicó una mayor capacidad de negociación por parte del Trabajo en relación con el Capital, y en los hechos representó uno de los principales factores por los que el resultado de las paritarias se ubicó casi todos los años sobre los índices de inflación, tal como se desprende del Informe de Coyuntura número 15 del Centro Cifra de la CTA, para el cual entre 2003 y 2013 se experimentó un aumento cercano al 55% en el poder adquisitivo de los salarios registrados.

Este crecimiento de la industria, y su consecuente correlato con el aumento en el nivel de empleo industrial y de salarios generales (respectivamente) da cuenta de un importante logro político, que no obstante debe soslayarse en su faz económica.
El informe del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cefid AR) “Dinámica de la producción industrial y la sustitución de importaciones. Reflexiones históricas y balance del período 2003-2013” realizado por el economista Matías Kulfas y presentado en diciembre pasado, exhibe que el crecimiento exhibió también una fuerte desaceleración en los últimos años. Según allí se señala, la recuperación industrial acontecida desde 2003 tuvo relación con la fuerte devaluación de la moneda, que reactivó la inmensa capacidad ociosa, lo cual sumado al rezago salarial por el alto nivel de desempleo y el congelamiento de las tarifas energéticas, creó  un círculo virtuoso entre producción y consumo.

Así, hasta 2008 la producción industrial creció a una tasa promedio anual del 9,5%, la creación de nuevas firmas industriales fue del 6,2%, el empleo registrado del 8,7%, y la productividad laboral del 3,8%. Luego, señala que la crisis internacional de 2009 provocó una interrupción de este ciclo, pero que entre 2010 y 2011 hubo una fuerte reactivación que implicó un nuevo crecimiento del 13,1% anual,  de la capacidad instalada en un 4%, del empleo en un 3% y de la productividad laboral en un 10%. Los problemas comenzaron a vislumbrarse a partir de 2011, pues entre ese año y 2013 el crecimiento se redujo al 2,3% promedio anual, la capacidad instalada al 3,3%, y la productividad laboral al 2,5%. Por su parte, el último informe del Indec dio cuenta de una caída industrial que ya lleva 21 meses, motivada en gran medida por la dependencia de la industria automotriz, que redujo fuertemente sus exportaciones por la crisis brasilera.

Por eso, si bien resulta innegable el aporte económico que produjo al país este crecimiento, también lo es el hecho de que no se revirtieron muchas de las condiciones estructurales heredadas del período neoliberal que imperó a partir de la dictadura cívico–militar de 1976, las cuales no pudieron ser modificadas por el gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989) y por el contrario fueron deliberadamente continuadas y profundizadas por los gobiernos de Carlos Menem (1989-1999) y Fernando de la Rúa (1999-2001).

El proyecto político del neoliberalismo tuvo como objetivo desmantelar el aparato industrial, como forma de debilitar el poder de la clase trabajadora y sus sindicatos. En los hechos, esto implicó un mayor ingreso de empresas extranjeras frente a la caída de las nacionales, así como una fuerte dependencia de insumos importados tanto por parte de las empresas foráneas como de las nacionales, que no pudieron encontrar proveedores locales.

Captura de pantalla 2015-06-14 a la(s) 00.50.02La continuidad durante el kirchnerismo de este esquema llevó a que, según el economista de la Universidad General Sarmiento Ricardo Aronskind, la industria “haya engordado, pero no se haya desarrollado”, mientras que Martín Schorr, investigador del Conicet, definió a este crecimiento industrial como el de una “reindustrialización acotada”.

Sucede que la destrucción del tejido productivo de la industria nacional durante la etapa neoliberal tuvo como consecuencia una alta dependencia de insumos importados, fundamentalmente en el complejo automotor y en el de producción de bienes de capital, que no parece haberse revertido: de acuerdo con el Centro Cifra de la CTA, ambos sectores requirieron más de 11.000 millones de dólares de importaciones durante el 2012.

Extranjerización. Otro de los procesos iniciados y no revertidos, fue el de la extranjerización. Según la última Encuesta Nacional a Grandes Empresas (ENGE) finalizada a comienzos del año pasado, exhibía que para el año 2012, entre las 500 empresas con mayor valor de producción, 288 eran industriales, de las cuales sólo 86 son nacionales. Esta fuerte extranjerización explicó en gran parte los 22.000 millones de dólares que estas 500 empresas giraron a sus casas matrices en el exterior entre 2003 y 2011, antes de que el gobierno restringiera parcialmente su salida.

Captura de pantalla 2015-06-14 a la(s) 00.50.12Este cuadro permite observar tanto las falencias gubernamentales en parte de la planificación industrial como de gran parte de la misma clase industrial, que no apostó en gran medida al desarrollo de sus establecimientos productivos. Y es la situación por la que Argentina continúa desarrollándose con el Talón de Aquiles de la famosa “restricción externa”, es decir la carencia de divisas para continuar desplegando su industrialización, en la actualidad ampliamente dependiente de los productos e insumos importados.

Es el complejo panorama de la industrialización argentina, cuyo balance, durante el ciclo kirchnerista, es el de la consecución de objetivos políticos, tendientes a fortalecer el poder del sector del trabajo por medio de un alza en el nivel de empleo e ingresos, y de deudas en el plano económico y estructural. Posiblemente, 2016 inicie un nuevo capítulo, con el comienzo del adeudado salto cualitativo. O bien con un nuevo retroceso de orientación neoliberal.

POLÍTICAS | Economistas con visión alternativa

Existen economistas que sostienen que sí existió una política de desarrollo industrial. Uno de ellos es Pablo Lavarello, investigador del Conicet quien en el último congreso de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA) afirmó que “en los últimos años hubo un regreso de la política industrial, lo cual se había perdido en los ochenta y los noventa”, especificando que entre 2005 y 2006 la promoción industrial fue a través de un tipo de cambio competitivo, para pasar, entre 2007 y 2009, a políticas selectivas de fomento a la innovación productiva, y desde 2010, a una mayor regulación estatal que incluyó la administración del comercio para sustituir importaciones, demandas del sector público para desarrollar tecnologías internas, y la recuperación de YPF para brindar una mayor competitividad.

DIVISAS | El termómetro de la balanza comercial

Siendo la industria nacional fuertemente dependiente de las divisas, el resultado de la balanza comercial, es decir, la diferencia entre las divisas egresadas por importaciones y las ingresadas por exportaciones, resulta clave para observar el grado de posibilidad de desarrollo industrial. Desde 2002, la balanza comercial argentina tiene un saldo favorable, que llegó a perforar la barrera de los 15.000 millones en 2002, 2003, 2009 y 2010, mientras que en 2012 arrojó un superávit de 12.161 millones de dólares, sufriendo importantes caídas en 2013, con 9.023 millones de dólares de superávit y en 2014, año que si bien mantuvo el superávit, fue también el de la cifra más baja de toda la serie, esto es 6.687 millones de dólares.

 

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